Visiones de la economía que viene

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Reunimos algunas reflexiones de economistas nacionales e internacionales sobre el impacto del COVID-19 en los mercados para intentar aportar luz sobre cómo será el contexto económico en los próximos meses

Visiones de la economía que viene

Nadie sabe lo que deparará el futuro económico a nivel global ni local porque nunca nos habíamos enfrentado a una crisis de estas características. Un abrupto e inesperado parón de la economía para el cual las recetas diseñadas por gobiernos y expertos en políticas monetarias o fiscales, útiles en otras crisis, en el actual contexto de pandemia carecen de toda utilidad. 

Recopilamos en este artículo reflexiones de diversos economistas e instituciones con el objetivo que cada lector se pueda formar una opinión al respecto. No hayuna receta única de salida a la crisis pero si hay cierto consenso en todas las reflexiones: la intervención financiera de los gobiernos será clave para la reactivación. Pero no con cualquier tipo de medida: hace falta que sean acciones contundentes, encaminadas a inyectar liquidez al sistema a fondo perdido, y que sean de acceso fácil para empresarios y autónomos.

No habrá quita ni de déficit ni de impuestos, todos a cumplir con sus obligaciones

El economista Fernando Trias de Bes invita a entender cómo se produce el cambio de escenario económico. Está la población, el comercio minorista, en tercer lugar la industria (de cuatro tipos: multinacionales, grandes empresas, pymes y autónomos), y a eso se debe añadir los intermediarios y diferentes canales de distribución. Los flujos económicos funcionan como ya sabemos (empresas fabrican productos o servicios, lo distribuyen a través e diversos canales al comercio minorista o directamente a la población). Así el dinero llega a las empresas. Con la llegada del COVID-19, de la noche a la mañana, el circuito se rompió: con el parón del consumo, se paró el flujo de la economía (a excepción de alimentación y farmacia). Se produce una gran crisis de demanda. Frente a una situación de este tipo, el Gobierno aplica políticas fiscales específicas para animar el consumo: reducción de impuestos, facilidades para el crédito, aumento del gasto público, etc. Sin embargo, ahora estos instrumentos no funcionan, porque la población está irremediablemente confinada, los comercios minoristas no pueden vender los productos, las empresas no producen porque, a pesar de tener plena capacidad, sus productos y servicios no tienen acogida en el mercado, ni siquiera el B2B. Lo que se conoce, como una crisis de oferta. ¿Qué hace el gobierno en este caso? Medidas de largo y medio plazo que ahora mismo no tiene solución. Así de contundente es el economista: "Estamos en un escenario que no tiene precedentes, que se ha producido de manera totalmente abrupta y para el cual los instrumentos diseñados por los economistas no sirven, ni para resolver la crisis de la oferta ni la de la demanda. Por primera vez somos plenamente conscientes que la economía son personas".

Para evitar el colapso, ha de entrar en juego el sistema financiero. "Con un mes de parón, las pymes y autónomos serán incapaces de mantenerse en el mercado. De hecho, con un mes de parada productiva y considerando todos los gastos fijos que tiene una gran empresa, implicará que acabe el año prácticamente sin beneficios", explica Trias de Bes, considerando que, además, las empresas deben reinvertir para mantener sus niveles de competitividad. Según el economista, cada mes de confinamiento serán seis meses de parón económico. En esta situación, muchas empresas se plantean despedir, lo que implica que parte de la población no cumplirá con sus obligaciones financieras. Por eso el Estado ha impulsado diversas medidas como los expedientes de regulación temporal de empleo (donde el Estado paga el 70% del salario del empleado con el compromiso que se conserve su posición en la empresa), moratoria fiscal, prestamos ICO, etc. "Con esto se trata que el tiempo no corra y que el dinero fluya", detalla.


En esta posición el déficit de los Estados no tendrá techo (se gastará en esta crisis el 20% del PIB de España en un año). "Esto no se había visto nunca, es una economía muerta que intenta mantener sus flujos financieros". Cuando el confinamiento desaparezca, habrá un primer momento de explosión en el consumo, pero será una ilusión, porque la realidad es que el consumidor será cauto ("¿habrá un segundo confinamiento? ¿me conservarán mi puesto?"). Será una reactivación lenta y por fases: "Servicios y productos vinculados a lo presencial, al tiempo, no se recuperará: si no te comiste un donut ayer, mañana no te comerás dos. Si no repostaste hace una semana, la semana próxima no repostarás el doble". Acabará recuperándose el consumo, pero con un trasfondo de déficit público "desbocado". En el entorno europeo generará tensiones "no habrá ningún tipo de quita del déficit: habrá gobiernos que se endeudaron un 30% y otros el 5%. Entonces como se devolverá: reducción de ayudas , bajadas de gasto público, y por supuesto, mayor presión fiscal a las empresas, pymes, autónomos y ciudadanos. Por consiguiente, habrá menos capacidad para generar empleo. Es un hecho". Nos situaremos en una economía como la posterior al de la crisis del 2008: tipos de interés negativos y una economía endeudada que tendrán que pagar los ciudadanos y las empresas. 

Cada decisión económica en su momento: no nos adelantemos, pero tampoco nos atrasemos

Xavier Sala i Martí, catedrático de Economía de la Universidad de Columbia, opina que estamos delante del reto más grande al que se ha enfrentado el planeta después de la Segunda Guerra mundial. Cree que desde el punto de vista económico ha de haber una prioridad: que pase el momento de la epidemia. Con el COVID-19 expandiéndose, no habrá economía que se recupere. En ese trabajo, para el profesor la economía juega un papel clave: "Se han de dar incentivos económicos para que la gente se quede en casa, un conjunto de medidas iniciales ha de ir encaminada en esta vía: seguir cobrando pese a estar encerrados". La segunda misión es mantener viva la economía para que el día que se acabe la catástrofe se ha de poder volver a los lugares de trabajo "Si las empresas hacen fallida, no habrá recuperación. Mantener las empresas vivas es misión de los Gobiernos".

Para el economista, una posibilidad es que cada ciudadano reciba dinero por parte del Estado. Explica que en EE. UU cada ciudadano adulto cobrará 1250 euros al mes y cada niño 500 euros. Otra manera, avanzar salarios que se devuelve en horas de trabajo posteriormente, una de las medidas anunciadas por el Gobierno "Sánchez va en la buena dirección pero sus medidas se quedan cortas". Sala i Martí cree que todas las instituciones competentes deberían perdonar impuestos: "Si no se avanza en esta línea ocurrirá una cosa absurda: si nos dicen que podemos ir al banco a pedir un crédito para pagar nuestros impuestos, teniendo como aval el Gobierno ¿no sería más fácil y eficiente que directamente no hagan pagar el impuesto a las empresas y autónomos? Parece un sistema para que genere ingresos la banca, si no no se explica". En su opinión, los criterios del Gobierno cambiarán al ver que las empresas fallan y que los autónomos no pagan impuestos: "no descarto que haya una moratoria fiscal definitiva".

(en catalán)

En el momento en que se acabe el confinamiento ¿qué panorama nos encontraremos? "No me preocuparía demasiado ahora, lo que hay que hacer es mantener viva la economía ahora para que cuando llegue el momento de la reactivación, realmente arranque todo de nuevo con las medidas que sean necesarias en ese momento. Bajar los tipos de interés ahora como ya ha hecho en EE. UU no tiene ningún impacto en la economía porque está parada. Si se hace en el momento correcto seguro lo tendrá". En este sentido, llama al Gobierno a entender cómo financiar a cada ciudadano, a cada empresa. Para el experto, aquí entran en juego las instituciones europeas: "Las crisis de las subprime en EE.UU. duró seis meses y aquí duró seis años por falta de acuerdo europeo en relación a cómo se debía abordar", recuerda. El bloqueo europeo puede ser un factor muy perjudicial para la economía española: "si el Banco Central Europeo no se pone a disposición de España para ayudarla a salir de la crisis de COVID-19, y por contra, sólo le recrimina que no ha hecho bien los deberes, de verdad no entiendo para qué sirve Europa".

Esta postura dura por parte del entorno europeo, afectará directamente a optras economías del mundo "Si Europa y Estados Unidos no se recuperan, habrá una caída en cadena: países en vías de desarrollo, que dependen de la compra de materias primas del primer mundo, del turismo que les enviamos, Latinoamérica y África, por ejemplo, caerán ante la nuestra incapacidad de reactivar la economía". Pese al análisis, Sala i Martí se define como optimista ante el futuro: "Europa lo está haciendo mal, el Gobierno también –la compra centralizada de artículos sanitarios no tiene sentido, por ejemplo–, a nivel internacional grandes líderes como Trump tampoco dan la talla, la solución sanitaria llegará, y si bajamos la tasa de viralidad, comenzaremos a salir y todo comenzará a arrancar". 

Santiago Carbó experto en reestructuración bancaria y sistemas financieros, hace referencia al solapamiento de la situación entre países: no es igual para todos los países, por lo que a nivel mundial se alargará durante meses. "El efecto sobre el crecimiento económico será importante: primero vimos cómo nos afectaba la crisis de suministro al encontrarse China parada, ahora estamos viviendo la crisis de la oferta. El primer semestre de 2020 será muy negativo, con un PIB cayendo incluso un 10% según estimaciones de Funcas. El segundo semestre será mejor, y por tanto el conjunto del año quedaría con una caída del PIB entre un 3% y un 4%. Para el año que viene se espera crecimiento, en torno al 8%". Tal y como apunta el experto, si somos capaces de aportar las soluciones correctas para cada momento, con medidas que se tomen con eficacia, rapidez y contundencia, sobre todo para las empresas y autónomos, las perspectivas serán más positivas. Según el experto, la financiación pública Europea acabará llegando.

Europa no fue el epicentro de la pandemia, pero sí será el epicentro de la crisis económica

Emilio Ontiveros, analista económico y Financiero, además de experto en economías emergentes e innovación empresarial, recuerda que no es una crisis financiera al uso, sin embargo, sus consecuencias pueden ser mucho más graves que las de la crisis de las subprime del 2008. En primer lugar, mostró la alta dependencia que tiene el mundo de China. En segundo, quedó patente la elevada interdependencia mundial (basta con mencionar solo algunas: transporte, turismo, servicios...). En tercer lugar, y como efecto inmediato, se produjo una pérdida de riqueza de los estados, con bonos país bajando a su valor mínimo. Una tormenta perfecta capaz de provocar una recesión a nivel global.

Con la crisis del 2008 comparte que su epicentro estaba fuera de Europa, y sin embargo, sus consecuencias económicas se están haciendo patentes de manera más significativas en el viejo continente que en otras regiones. Mientras Estados Unidos ha tomado decisiones drásticas y valientes para mantener la economía a flote con la complicidad del Banco Central, en Europa se esta dificultando el aumento del déficit, y por tanto el acceso a la financiación, con decisiones sensiblemente más tímidas: "EL BCE tenía muy poco recorrido para reducir tipos de interés ni había tenido justificación para poder elevarlo. Ahora ha comprometido unos 750 mil millones de euros en compras de los mercados secundarios de bonos. Este posicionamiento, no tiene correspondencia en el Consejo Europeo, que se resiste adoptar mecanismos de mutualización de riesgos de la eurozona". Europa carece de un Tesoro con capacidad para emitir deuda pública, y sumado a ello, las instituciones europeas no permiten que aquellos organismos que sí pueden hacerlo actúen en consecuencia al momento: "El Banco Europeo de Crédito, que a través de su agencia puede ir a financiarse a los mercados de bonos, no esta aprovechando esa capacidad de endeudamiento, y ésta podría ser clave para dos decisiones europeas fundamentales: en primer lugar, invertir y contribuir a señalar al sector privado las inversiones prioritarias, y dos, apuntalar la recuperación post confinamiento generando estímulos". Según el experto, no está haciendo así: "ojalá que en la semana que viene encuentren la claridad para tomar las decisiones en esta línea".

Ontiveros liga este modelo con la nueva estrategia industrial presentada por el Consejo de Europa ya que la acción del BCE post crisis del COVID-19 puede ir en línea de dos de los objetivos principales del plan: sostenibilidad energética y digitalización. "Los recursos para la recuperación se podrían destinar a iniciativas en estos ámbitos". Si no se actúa de manera coordinada y rápida, China y Estados Unidos estarán en condiciones de crecer, pero Europa no "con un cuadro clínico más cercano al estancamiento de por vida que al de una economía dinámica". Es el momento que Europa demuestre que es algo más que un mercado interior, concluye, dejando de lado la obsesión por la austeridad y velar por el desarrollo de las personas.

La crisis es una oportunidad, aprendamos de las mejores prácticas

Oriol Amat es decano de la UPF Barcelona School of Management y catedrático de economía financiera y contabilidad de la Universitat Pompeu Fabra (Barcelona). Con la premisa que las previsiones que realiza son eso, previsiones, explica que por cada mes de confinamiento significa un 4% de caída del PIB (actualmente, un 50% del tejido productivo está totalmente parado). Dos meses de confinamiento significaría una caída del 8% "¿Es mucho o es poco?", se pregunta: "el 2008 la caída del PIB fue del 6%", se responde. La consecuencia directa de esta situación es la morosidad y del ciere de empresas, con la consiguiente crisis de bienestar de la población. Estamos en medio de la tormenta perfecta, en medio de una bola de nieve en bajada que no para: "el EUROSTOXX en un mes ha caído un 39%". En opinión del economista, es difícil vaticinar en cuánto se producirá la recuperación tras el parón: "Si en anteriores crisis la caída hasta el fondo se producía entre 3 y 29 meses, y tuvieron una recuperación de entre 4 meses a 66 meses, con la crisis del COVID-19, donde la caída se produjo en tan solo 17 días, el período de vuelta a la normalidad es muy difícil de estimar. Lo que sí estaremos seguros es que la economía se recuperará".

En términos de calle, ante un crack, se produce miedo y pánico, lo que provoca una sobrerreacción tendiente a la ceguera: no se ven las oportunidades. A diferencia de otros cracks, que son productos de le euforia (la burbuja de las puntocom, la crisis de las subprimes, el Crack del 29...) este se ha producido por una amenaza real. Entonces, ¿qué se puede hacer? "Hemos avanzado mucho desde el Crack del 29, ahora sabemos que el mercado no lo resolverá todo, y por ello, se han generado instrumentos para apoyar y tutelar la economía en momentos como el actual. Las medidas macroeconómicas que se están tanto en Europa como en América como en Asia, son un factor cave para atenuar la caída". La clave de la efectividad de estas medidas, según Amat, es que sean rápidas, que lleguen a los actores de interés de manera ágil y que les implique un bajo coste acceder a ellas. "En el caso de España son medidas adecuadas, sobre todo en la liquidez. Pero para la caída del consumo y la inversión aún no ha llegado la solución para España. Algunos países ya están aplicando subvenciones directas e inmediatas para autónomos y pymes, dinero a fondo perdido para inyectar liquidez".

Para las empresas, es clave detectar las nuevas necesidades del mercado. Una muestra clara es la revalorización de la plataforma de video llamadas Zoom. "Las empresas que ganaran en esta crisis son las que aprovechen las oportunidades", comenta Amat. Asimismo, considerando que el mercado financiero ha caído un 39%, es el momento de compra: "en dos meses o en dos años se recuperará el mercado, porque la mayoría de las empresas del Eurostoxx son sólidas, por lo que la inversión en ellas es una buena estrategia". Recordando a Einstein, Amat recuerda que la crisis trae progreso: "es el omento para avanzar si aprovechamos las oportunidades que hay".

Las perspectivas del FMI, WEF y la OIT

Para el Fondo Monetario Internacional (FMI) particularmente crítico es el apoyo fiscal dirigido específicamente a los hogares vulnerables y a las grandes y pequeñas empresas, para que puedan mantenerse a flote y volver rápidamente a poner en marcha sus operaciones "de lo contrario, tomará años superar los efectos de las quiebras y despidos generalizados" alerta su directora gerente, Kristalina Georgieva. "Este respaldo acelerará la recuperación posterior, y nos colocará en una mejor situación para hacer frente a desafíos tales como el sobreendeudamiento y los desajustes de los flujos comerciales".

Desde el FMI se pone en el centro, además, la necesidad de brindar apoyo a las economías de mercados emergentes y en desarrollo para que puedan superar el impacto de la crisis y recuperar el crecimiento.  Estos países se ven particularmente afectados por una combinación de crisis de salud, interrupción repentina de la economía mundial, fuga de capitales hacia activos seguros, y – para algunos – caída brusca de los precios de las materias primas. "Hoy son el principal foco de nuestra atención. Disponemos de una sólida capacidad financiera, 1 billón de dólares, que podemos utilizar en su defensa, en estrecha colaboración con el Banco Mundial y otras instituciones financieras internacionales".


Tal y como constata a Organización Internacional del Trabajo (OIT) a través de su Observatorio, la pandemia COVID-19 está teniendo un efecto catastrófico en el tiempo de trabajo y en los ingresos, a nivel mundial. A nivel mundial, se prevé que la crisis por el COVID-19 hará desaparecer 6,7 por ciento de las horas de trabajo en el segundo trimestre de 2020, lo que equivale a 195 millones de trabajadores a tiempo completo. Por regiones, las perspectivas varían:  en los Estados Árabes (8,1 por ciento, equivalente a 5 millones de trabajadores a tiempo completo), en Europa (7,8% o 12 millones de trabajadores a tiempo completo) y en Asia y el Pacífico (7,2%, 125 millones de trabajadores a tiempo completo). Actualmente, más de cuatro de cada cinco personas (81%) de las 3.300 millones que conforman la fuerza de trabajo mundial están siendo afectadas por cierres totales o parciales de su lugar de trabajo. 

"Es necesario adoptar medidas políticas integradas y a gran escala, centradas en cuatro pilares: apoyar a las empresas, al empleo y los ingresos; estimular la economía y los empleos; proteger a los trabajadores en el lugar de trabajo; y utilizar el diálogo social entre gobiernos, trabajadores y empleadores a fin de encontrar soluciones", señala la OIT. "Las decisiones que tomemos hoy afectarán directamente la manera en que esta crisis evolucionará así como la vida de miles de millones de personas. Con las medidas correctas podemos limitar su impacto y las heridas que dejará. Nuestro objetivo debe ser reconstruir mejor para que nuestros nuevos sistemas sean más seguros, más justos y más sostenibles de los que permitieron que esta crisis ocurriera".

 

La valoración del World Economic Forum (WEF) no deja dudas en relación a la magnitud de la crisis. Según su análisis, el impacto en la economía global de COVID-19 ha sido más rápido y más severo que la crisis financiera mundial de 2008 e incluso la Gran Depresión. "En esos dos episodios anteriores, los mercados bursátiles colapsaron en un 50% o más, los mercados crediticios se congelaron, las quiebras masivas siguieron, las tasas de desempleo se dispararon por encima del 10% y el PIB se contrajo a una tasa anualizada del 10% o más. Pero todo esto tomó alrededor de tres años para desarrollarse. En la crisis actual, resultados macroeconómicos y financieros igualmente graves se han materializado en tres semanas".

En otras palabras, cada componente de la demanda agregada (consumo, gasto de capital, exportaciones) está en caída libre sin precedentes. Apunta a que si bien la mayoría de los comentaristas egoístas han anticipado una desaceleración en forma de V –con una caída brusca de la producción durante un trimestre y luego la recuperación rápida al siguiente– "debería quedar claro que la crisis de COVID-19 es algo completamente diferente. La contracción que ahora está en marcha parece no tener forma de V ni de U ni de L –una fuerte caída seguida de un estancamiento–. Más bien, parece una I: una línea vertical que representa los mercados financieros y la economía real cayendo en picada".

Entre otras medidas –una respuesta sanitaria contundente e intervención en la política monetaria– el WEF apunta a que los gobiernos deben desplegar un estímulo fiscal masivo de desembolsos directos en efectivo a los hogares. Dado el tamaño del shock económico, los déficits fiscales en las economías avanzadas deberán aumentar del 2-3% del PIB a alrededor del 10% o más. "Solo los gobiernos centrales tienen balances lo suficientemente grandes y fuertes como para evitar el colapso del sector privado". Por ello, estas intervenciones financiadas con déficit deben ser totalmente monetizadas. "Si se financian a través de la deuda pública estándar, las tasas de interés aumentarían bruscamente y la recuperación quedaría ahogada en su cuna. Dadas las circunstancias, las intervenciones propuestas durante mucho tiempo por los izquierdistas de la escuela de teoría monetaria moderna, incluidas las caídas de helicópteros, se han convertido en la corriente principal".

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