Optimización del proceso de fabricación metal-mecánico

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Borja Rodríguez de Renishaw explica cómo a través del control de las cuatro fases de la Pirámide de Procesos Productivos que propone la compañía es posible asegurar una fabricación metalmecánica óptima en términos de estabilidad, calidad y velocidad

Optimización del proceso de fabricación metal-mecánico

Una tribuna de Borja Rodríguez, Area Sales Manager South en Renishaw Ibérica (Industrial Metrology | Additive Manufacturing)

Desde la prehistoria, el ser humano ha transformado materias primas para dotarlas de unas determinadas funciones, propiedades o formas con el fin de cubrir unas necesidades concretas. Hallamos aquí los primeros pasos de la humanidad en el mundo de la fabricación. Por aquel entonces, era la piedra el material utilizado, bien mediante tallado (paleolítico) o pulido y perforado (neolítico).

Hoy en día, una de las técnicas de fabricación más extendidas es el mecanizado, bien sea de metal, materiales compuestos, piedra, etc. Dicha técnica ha sufrido una gran evolución en el último siglo, donde no sólo se persigue maximizar las capacidades productivas, si no optimizarlas. No basta con fabricar mucho, hay que fabricar bien. Es ahí donde Renishaw ha desempeñado y sigue desempeñando un papel fundamental a nivel global. Una visión muy presente en la filosofía de la empresa y que queda perfectamente plasmada en la Pirámide de Procesos Productivos de Renishaw.

La Pirámide de Procesos Productivos de Renishaw simboliza los principios básicos por los que debe regirse una fabricación de calidad, donde la precisión representa una característica esencial. Dicha pirámide, consta de cuatro fases detalladas a continuación.


En la base, encontramos los Fundamentos del Proceso, que son sobre los que se asienta el proceso productivo. Para fabricar de manera estable y precisa, debemos conocer las capacidades de nuestras máquinas, así como mejorar dichas capacidades en la medida que sea posible. Equipos como el QC20-W, más conocido como Ballbar, o el láser interferométrico XL‑80, nos permiten realizar un diagnóstico en profundidad del estado de la máquina-herramienta, así como tomar las medidas correctivas oportunas para optimizar las prestaciones de ésta. Adicionalmente, estas soluciones proporcionan a las empresas herramientas para un correcto mantenimiento preventivo, minimizando así las paradas no programadas.

La siguiente fase de la pirámide es la Preparación del Proceso. Una vez nuestras máquinas se encuentran en condiciones óptimas para fabricar, debemos asegurarnos de preparar bien la operación de fabricación. Esta etapa abarcaría desde asegurar y corregir las propiedades de las herramientas que se van a utilizar hasta determinar la posición real de la pieza en bruto en nuestra máquina. Todo esto se puede realizar de manera automatizada mediante las sondas y softwares para máquina-herramienta de Renishaw. Con esto, no solo dotamos de seguridad al proceso evitando el error humano, sino también de velocidad y estabilidad.

Esas herramientas que son utilizadas para preparar correctamente el proceso también nos permiten abordar la siguiente etapa de la pirámide, que conocemos como Control en Proceso, dado que hace referencia a las operaciones que llevamos a cabo durante la propia fabricación. A modo de ilustración, en esta fase podríamos enmarcar la detección de rotura de herramientas durante la operación de mecanizado, o la inspección dimensional y geométrica de las características críticas de las piezas que estamos produciendo antes de retirarlas de la máquina-herramienta.

Una vez nuestras piezas son fabricadas, es necesaria una Verificación Post-Proceso que asegure de manera independiente que éstas cumplen los requisitos dimensionales y geométricos con los que fueron diseñadas. En este paso final del proceso productivo se enmarcarían por ejemplo las Máquinas de Medición por Coordenadas (MMC). Contar con un medio de verificación ágil y versátil resulta esencial para garantizar que esta fase no supone un cuello de botella en nuestro proceso. Para ello, la solución pasa por utilizar cabezales de medición de 5 ejes con infinitas posiciones, como es el cabezal de medición Revo. Este cabezal, además de permitirnos medir a mayor velocidad y requerir menos palpadores, ofrece la posibilidad de integrar múltiples sondas para, entre otros, la medición de acabado superficial o la medición sin contacto, integrándolo todo en un único programa e informe de medición.

Si y solo si somos capaces de controlar estas cuatro fases del proceso, podremos asegurar una fabricación óptima en términos de estabilidad, calidad y velocidad, evitando paradas no programadas, minimizando piezas achatarradas y maximizando la cadencia de producción. En este sentido, Renishaw es la única empresa capaz de asesorar a sus clientes y dotarlos de todas las herramientas necesarias para ello.

Borja Rodríguez es Area Sales Manager South en Renishaw Ibérica (Industrial Metrology | Additive Manufacturing)

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