La nueva revolución industrial pasa por la simplificación de los procesos en clave tecnológica

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Eduardo Jauregui de Irisbond analiza como tecnologías como el eye-tracking, el reconocimiento facial, la realidad virtual y el control por gestos están viviendo un crecimiento paralelo al de la voz ofreciendo nuevos recursos a las empresas industriales

La nueva revolución industrial pasa por la simplificación de los procesos en clave tecnológica

Una tribuna de Eduardo Jauregui, CEO y cofundador de Irisbond

La tecnología evoluciona y, en contra de lo que nos puede parecer, cada vez se adapta mejor a las personas. De hecho, esta es la dirección que sigue: el usuario es el rey y la máquina se adapta. Poco a poco, la forma en la que interactuamos con las máquinas está dejando de ser a través de pantallas y hardware para pasar a ser a través de gestos, sonidos y miradas. Es decir, existe una mayor naturalidad. Esto tiene un efecto en cualquier relación máquina-persona, y más concretamente en la industria.

Estamos humanizando la manera de entendernos con las máquinas, incorporando tecnología a éstas para comunicarnos de manera natural, utilizando los gestos, voz y la mirada. Además, el uso de la IA y el deep learning permiten aprender de estas experiencias para mejorar dicha interacción hombre-máquina. A diferencia de otros conceptos más invasivos, tipo Google glass, o sensores de movimiento que se colocan en el cuerpo, el futuro es dotar de tecnología a las máquinas para que entiendan nuestro lenguaje no verbal.

Tecnologías como el eye-tracking, el reconocimiento facial, la realidad virtual y el control por gestos, entre otras, están viviendo un crecimiento paralelo al de la voz, y no solo impulsado por la pandemia debida a la Covid-19, aunque la situación ha acelerado el interés de la industria por estos desarrollos.

Y es que, para las personas, comunicarnos a través de la voz, los gestos o los ojos es más espontáneo que utilizar un ratón. Porque los seres humanos nos comunicamos usando el lenguaje y la comunicación no verbal. Las nuevas tecnologías están mejorando la forma en la que nos relacionamos con las máquinas para que sea más natural e intuitiva. De igual manera, mejora las capacidades de toma de decisiones ya que nos aportan más cantidad de información en el momento en el que la necesitamos sin tener que buscarla.

Por poner un ejemplo, el eye-tracking, sumado a algoritmos de IA puede adelantarse a las decisiones en una planta de producción de forma muy precisa gracias al reconocimiento de gestos, movimientos y miradas y el aprendizaje de decisiones pasadas.

Y, si además sumamos otras tecnologías, los beneficios se multiplican. Así, cuando pensamos en la VR o AR, las vinculamos al gaming, pero ya hay muchas empresas que están desarrollando proyectos en los que se mezclan VR, AR e AI con tecnologías de detección sensorial para entornos laborales e industriales por la optimización que aporta el eye-tracking. De esta manera, el eye-tracking sumado a la realidad virtual es un aliado para la industria gracias a la profundidad que están alcanzando la IA y el ‘Deep-learning’. El eye-tracking aporta usabilidad y la capacidad para ser proactivo y adelantarnos a las necesidades del operario. Y esto aporta mejora en los procesos y en la seguridad, optimización, reducción de tiempos de espera, autonomía y, como consecuencia, ahorros. Los usos de la VR y AR sumados al eye tracking en la industria son, entre otros, optimización de los diseños, mantenimiento y control de plantas, formación de equipos, asistencia y resolución de incidencias, reparación de maquinaria.

Las nuevas tecnologías de interacción máquina-persona aportan una optimización industrial en cuatro ejes muy importantes: reducción de errores, reducción de accidentes laborales, optimización de tiempos y, como consecuencia de las tres anteriores, reducción de costes. De hecho, no es casualidad que IDC Research estime que más de un tercio de la inversión que se haga en AR/VR en los próximos años será para procesos productivos y de seguridad en la industria.

¿Cómo se adaptan las industrias a estos cambios?

Con la pandemia hemos visto que la riqueza de un país pasa por tener una industria mínimamente desarrollada para no depender de terceros. Para empujar la industrialización en España, necesitamos reinventar los modelos operativos, y esto implica utilizar nuevas herramientas que nos aporten información de los procesos en tiempo real y nos permitan diseñar estrategias más eficaces en la producción y en la cadena de valor del producto.

A nivel estructural, necesitamos conexiones eficaces, trabajar en la nube para poder almacenar y procesar grandes cantidades de información y personal cualificado. Porque a nivel estratégico, la transformación de la industria está en ser capaces de recoger la información sobre el comportamiento (a través de diferentes tecnologías como el reconocimiento facial, el eye-tracking, el reconocimiento de voz) para detectar oportunidades de mejora a través del análisis de la información recogida. Por otro lado, a nivel operativo usamos las nuevas tecnologías para optimizar los procesos productivos tal y como hemos comentado antes.

Estos cambios precisan también de una estrategia de recursos humanos por los miedos de los trabajadores a que las máquinas los suplanten, por el miedo a la privacidad y también implican pensar en el marco ético de actuación. Tenemos que entender la aplicación de nuevas tecnologías en la industria como una oportunidad para mejorar gracias a la mayor cantidad de información que tenemos a la hora de tomar de decisiones.

De cualquiera de las maneras, todo esto sólo podrá llegar a ser posible gracias a una solución combinada en la que ojos, manos, gestos y reconocimiento facial se junten para mejorar la interacción con las máquinas y se apoyen en AI para mejorar su eficiencia con el uso, lo que se conoce como interfaces inteligentes. Ha llegado el momento de que la industria se aproveche de la tecnología y dé un paso adelante para “revolucionarse” de nuevo.