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La batería más grande del mundo (Parte 1)


La demanda de energía para la nueva 'economía eléctrica y sostenible' abre un nuevo campo de batalla: el diseño de superbaterias y el aumento del precio del litio. Al frente, como no, Elon Musk.

La batería más grande del mundo (Parte 1)

Lo solucionamos en 100 días o les sale gratis. Este fue el significado del mensaje que Elon Musk dirigió indirectamente a los responsables del estado de Australia del Sur, con tal de vencer su escepticismo para instalar una superbatería de respaldo a la red eléctrica. Esta extensa zona australiana, con casi 1 millón de km2, que alberga una población de 1,7 millones de habitantes, tiene la particularidad de haber apostado con firmeza por las energías alternativas. Pero en los últimos años, la variabilidad y la calidad de su servicio energético ha dejado mucho que desear, especialmente tras sufrir varios cortes en el suministro eléctrico (por distintas causas). Algunos críticos culpan de esta situación a la excesiva utilización de la energía alternativa.

A comienzos del 2017, la presión aumentó sobre sus políticos para que encontraran una solución rápida. Es entonces cuando aparece en escena Elon Musk, vía twitter, afirmando que su compañía tiene la solución: una superbatería de iones de litio para terminar rápidamente con los problemas de suministro eléctrico de este estado australiano. Musk es un conocido emprendedor, establecido en California, que tiene fama de afrontar grandes retos y salir airoso de ellos. Es el CEO de empresas como Tesla (coches eléctricos y energía alternativa) o Space X (fabricación de naves y transporte aeroespacial), además de liderar iniciativas futuristas, como la de asentar una colonia humana en Marte o la de construir un tren supersónico entre San Francisco y Los Ángeles (con una velocidad de 1.200 km/h). No hace falta decir mucho más.

Su mensaje no cayó en saco roto y el pasado 9 de marzo, el emprendedor tecnológico australiano Mike Cannon-Brookes, tomó la iniciativa e interpeló a Musk, también con un tweet, acerca de la seriedad de su propuesta. Musk no se lo pensó dos veces y le despachó su tweet definitivo: "Tesla se compromete a instalar y poner en operación este sistema en un máximo de 100 días (desde la firma del contrato) o si no les saldrá gratis. ¿Le parece suficientemente seria mi propuesta?" A partir de entonces, la administración australiana se puso en marcha: definió un proyecto y abrió el periodo de concurso a potenciales suministradores. En el mes de julio, Jay Weatheril, primer mandatario de Australia del Sur, anunció el ganador: Tesla se había llevado el pedido.

Una propuesta audaz

La batería será la mayor del mundo en su género, con una capacidad de 129 MWh y capaz de suministrar hasta un 10% de la energía necesaria para todo el estado durante una hora. Se instalará en Jamestown, a unos 200 km al norte de Adelaida, muy cerca de la central de energía eólica de Hornsdale, una planta suministrada por la compañía francesa Neoen. El gobierno australiano financiará el proyecto con 550 M A$.

Según Musk, el reto tecnológico es de alto calibre, más allá de integrar unos cuantos módulos, pero su compañía está capacitada para afrontarlo en ese tiempo. En aquel mes de marzo en que lanzó su oferta, suponía triplicar la capacidad de la mayor referencia operativa existente, pero desde hace tres meses, hay una superbatería de 80 MWh en California, también ejecutada por Tesla.

Muchos son los efectos positivos que puede tener esta iniciativa, además de establecer otro hito de escalabilidad en baterías y abrir las puertas al que puede ser un nuevo y lucrativo mercado. No obstante, también da para reflexionar sobre algunos problemas asociados que podrían manifestarse en el futuro. Aunque en principio, la disponibilidad de litio en el mercado no es un motivo de preocupación, si el consumo crece excesivamente podrían aparecer limitaciones en su suministro, ya sea en la propia materia prima disponible o en la formación de precios por la banda alta, que representaría una potencial amenaza para estos y otros proyectos. Este aspecto se explica más detalladamente en el artículo adjunto “La singular economía del litio”. También habrá que ir resolviendo factores medioambientales, aunque conviene recordar que parte del litio ya utilizado puede reciclarse de nuevo.

Tesla y la demanda de litio

Pero volvamos con Tesla. La compañía californiana pretende fabricar hasta 500.000 vehículos Model 3 en 2018, además de su producción de coches de lujo Model S y Model X. Para asegurar el suministro de baterías, que considera un componente crítico para su estratégia, ha construido una Gigafactoría en el estado de Nevada (USA), en asociación con la especialista japonesa Panasonic. Se ha previsto que, en el 2020, la Gigafactoría alcance una producción con capacidad equivalente a 35 GWh por año (algo más que todo lo que se produjo a nivel mundial en el 2013). De aquí también tendrán que salir las baterías que incorporan otros productos Tesla, como el sistema Powerwall, para gestión y almacenamiento de energía doméstica, y el Powerpack, similar al anterior, pero orientado a la industria. La producción restante será vendida a terceros.

Cada vehículo Model 3 integra una batería de 55 kWh a 75 kWh, en función de la versión y autonomía del coche. En principio, la demanda prevista para un plazo razonable de tiempo parece más que asumible por esta Gigafactoría. Sin embargo, si se añaden nuevas aplicaciones a las comentadas, como las superbaterías para back-up de la red eléctrica, la fábrica podría quedarse pequeña antes de lo previsto. En ese caso, construir más fábricas es posible.

Tesla no está sola y si ampliamos la perspectiva para incluir a otros fabricantes y aplicaciones, las necesidades de litio a nivel global pueden aumentar frenéticamente, lo que podría generar dudas sobre su oferta o la de un precio que permita la comercialización de estas aplicaciones. En este caso, se requeriría que entraran en activo más instalaciones de las previstas a futuro.

Lo que está claro es que Elon Musk ha demostrado que sabe gestionar los grandes retos, así que cabe esperar que conseguirá instalar con éxito su gran batería en Jamestown. No sé si en clave de humor, pero algunos apuntan a que podría llegar a producirse el mejor caso para los contribuyentes australianos (y el peor para Tesla): que se entregue la instalación en 101 días o más; esto permitiría dedicar la recaudación de impuestos de los aussies a otras necesidades.