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Automatización, ¿miedo o razón?


Hay quien afirma que existe una ansiedad basada en el miedo y no en la razón.

Automatización, ¿miedo o razón? LAUMAS

Un sindicato me ha pedido que imparta una charla sobre las consecuencias de la introducción masiva de la robótica y la fábrica conectada. Y es que en el mundo del trabajo, hay una justificada preocupación frente a las consecuencias de la automatización avanzada.

Sin embargo, hay quienes creen que no hay razón para dicha preocupación. Thilo Brodtmann, director ejecutivo de la asociación alemana de la industria mecánica, afirma en un artículo que esta ansiedad está basada en el miedo y no en la razón. Lógicamente hay miedo entre los trabajadores (industriales pero también los implicados en muchas otras tareas), pero, ¿realmente puede afirmarse que no está justificado también por la razón?

Puede aducirse, y es cierto, que el progreso tecnológico puede ser la respuesta, parcial o total, a desafíos tales como la globalización, el cambio climático o, en Europa, al envejecimiento de la sociedad, un tema que, por cierto, aparece habitualmente cuando se presentan las ventajas que ofrece la Industria 4.0 (ya no serán necesarios los operarios expertos y con mucha experiencia). Sin embargo, ¿qué hay de cierto en noticias como la aparecida recientemente en el Daily Mail titulada "Los robots pueden robar 15 millones de puestos de trabajo"?

Probablemente ni tanto ni tan poco.

Esta nueva revolución industrial (unos dicen que es la cuarta y otros la dejan en la tercera) no hay duda que ofrece muchas oportunidades, pero también nuevos riesgos. Se crearán nuevos puestos de trabajo, pero ¿compensarán todos los perdidos como ocurrió en anteriores revoluciones industriales?

En todo caso, parece muy necesario un debate en los países desarrollados sobre cómo la automatización y las nuevas tecnologías afectarán al mercado del trabajo.

No es que no se hayan realizado estudios al respecto, pero las conclusiones de los mismos son tan diversas que no resultan muy útiles para prevenir el futuro próximo. Un estudio de la Escuela Oxford Martin de 2013 advierte que el 43% de los empleos de EE.UU. estaban en alto riesgo por la automatización. Sin embargo, un análisis realizado por el Centro de Investigación Económica Europea (ZEW) sitúa esta cifra en solo un 9%.

Incluso hay analistas más optimistas al afirmar que se automatizan las tareas, pero no las profesiones. Un trabajador suele ejecutar una gama más amplia de tareas y algunas pueden no ser reemplazadas por un robot. Si fuera así, un trabajador asistido por un robot podría concentrarse, dicen, en las tareas que requieren experiencia, juicio, intuición o creatividad.

En todo caso, parece que no es con el miedo sino precisamente con la razón que hay que analizar cómo la digitalización modificará el mercado de trabajo, muy probablemente reduciéndolo, a la vez que exigirá nuevos perfiles profesionales.

Es en este sentido que sorprende la poca, por no decir ninguna, presencia de este tema en los programas de los diversos partidos políticos, en nuestro país, pero también en muchos otros. ¿No deberían diseñarse ahora políticas para afrontar las situaciones futuras?

El pasado 31 de enero tuvo lugar en Essen un fórum europeo titulado "Digitalización de la industria europea” cuyo objetivo era  "el diseño del mercado único digital, así como la seguridad informática, los centros de pruebas y las habilidades digitales".  Venía a ser una continuación de los trabajos realizados por la Plattform Industry 4.0 (pueden encontrarse en www.plattform-i40.de/Map) donde se incluye un debate sobre sus implicaciones para el sistema de bienestar social. Son debates importantes, pero quizás ya fuera el momento de que empezaran a traducirse en nuevas políticas, absolutamente necesarias si se quiere evitar una reacción negativa frente al progreso tecnológico, lo que podría llevar a los políticos -para complacer a sus votantes- a tomar medidas que pudieran obstaculizar el desarrollo. Parece necesario encontrar un enfoque equilibrado que, sin perjudicar el progreso tecnológico, haga que los trabajadores se beneficien de una parte de las riquezas debidas a dicho progreso.