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Palabras, tecnologías y ciencia-ficción


¿Cabe pues calificar de disruptivas tecnologías como el Internet de las Cosas?, ¿supone su introducción en las plantas industriales una interrupción brusca de las tecnologías de control y automatización?

Palabras, tecnologías y ciencia-ficción Cinco Días

Hace años leí un libro titulado Le mots pour le dire en que la autora francesa explicaba su psicoanálisis con el que consiguió resolver sus múltiples problemas, incluso físicos, cuando encontró la forma de poner en palabras algo que le había ocurrido en su infancia. Lo que me interesó especialmente de esta lectura fue cómo, si no se dispone de las palabras, difícilmente se dispone del concepto.

Con formación técnica y muy pocos conocimientos de lingüística y aún menos de hermenéutica, fui adquiriendo el vicio de analizar el significado de las palabras, así como intentar utilizar las que reflejaran el concepto real de lo que se quería expresar. 

Esto viene a cuento porque últimamente prolifera el calificativo de disruptivas refiriéndose a las tecnologías que se incluyen en esa última estrategia llamada Industria 4.0.

Según el diccionario de la RAE, disrupción significa "rotura o interrupción brusca" ¿Cabe pues calificar de disruptivas tecnologías como, por ejemplo, el Internet de las Cosas?, ¿supone su introducción en las plantas industriales una interrupción brusca de las tecnologías de control y automatización?

Los sensores inteligentes hace años que los conocemos y también las comunicaciones industriales, con o sin cables. Más que una tecnología rupturista, la IIoT es una evolución de tecnologías ya conocidas. Disruptiva, a mi entender, fue la aparición de la imprenta (cambió radicalmente la forma de transmitir conocimientos), o el telégrafo, o, sin duda, las nuevas formas de comunicación digital.

Quizás fuera bueno ser un poco exigentes con la utilización de las palabras, especialmente cuando se trata de nuevos conceptos. Todos sabemos que también las palabras pueden llevar a engaño.

Y hablando de palabras, me ha sorprendido que en La Vanguardia del pasado 20 de febrero se publicara una doble página titulada "Vocabulario Start-up" en la que se incluían 23 vocablos mayoritariamente en inglés. Su pretensión, según se señalaba, no era otra que "conocer los conceptos clave de la jerga de quienes están dentro del ecosistema". Suponemos que dicho ecosistema es el de las start-up, palabra que por cierto no se incluía en el diccionario.

Entre estos 23 vocablos, hay palabras que se han adoptado de verbos en inglés y otras se forman con dos o más palabras también en inglés. En todos los casos, un ciudadano de habla inglesa es probable que no exigiría que un periódico considerara necesario explicar los conceptos que encierran.

Hace ya unos años leí un artículo en el que el autor se preguntaba si el hecho de que mayoritariamente las nuevas tecnologías se desarrollaban en EEUU y nombradas, por tanto, en inglés, constituía una cierta colonización tecnológica. Al fin y al cabo, todos los países colonizadores intentaron, y muchos lo consiguieron, imponer sus lenguas.

Ser creadores de la palabra correspondiente a un nuevo concepto facilita sin duda a que sea comprendida fácilmente por los ciudadanos del habla de quienes la crearon. Hardware y software pueden ser un buen ejemplo. Todos los niños de habla inglesa saben que hardware significa “productos de ferretería” (textualmente materiales duros) y en contra partida software significa "materiales blandos". Hardware para todo el conjunto de circuitos "que pueden tocarse" y software para todos los componentes lógicos, que no tienen una presencia física

Lo que parece cierto es que la lengua conforma y a la vez refleja la cultura de quienes la hablan y, por tanto, cabría preguntarse si la cultura tecnológica no tendría características diferentes en función de quiénes y en qué idioma las han desarrollado.

Puestos a imaginar, me pregunto cuál habría sido el resultado de una especie de interculturalidad tecnológica. La variedad de culturas y lenguas es, sin duda, una riqueza de la humanidad. ¿Lo habría sido también una variedad de culturas tecnológicas? Podría ser materia para una novela de ciencia-ficción, ¿no creen?