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El futuro de la Industria 4.0 en España

Es muy importante que las empresas comiencen a plantearse seriamente por qué deben modernizarse, y que tipo de cambios necesitan para hacerlo realidad

El futuro de la Industria 4.0 en España

Ya hemos publicado varios artículos sobre este apasionante tema, y después del aluvión de información que supone, ha llegado la hora de responder a algunas de las preguntas importantes que todos/as nos hacemos.

El hecho es que estamos ante un concepto global de fácil y atractiva promoción, pero de difícil concreción; y aunque hablamos de la 4ª Revolución Industrial, casi todos sus principios ya han estado funcionando, algunos desde hace décadas, por separado con bastante éxito. Hacía falta reunir todos estos principios bajo ciertos criterios y con una perspectiva moderna que incluyera las potentes tecnologías surgidas en la última década.

En general se acepta el hecho de que la finalidad de la industria 4.0 consiste en la fabricación de productos de mayor valor añadido y de una gran calidad, con una enorme flexibilidad productiva, un aprovechamiento casi inédito de los datos masivos generados durante el proceso, una conectividad tendente a la totalidad de los componentes de campo, de control y de supervisión, y finalmente un mayor retorno de la inversión. De tener en cuenta todas sus fases (cuestión que casi ninguna empresa puede abordar de forma global), nos encontramos ante un proceso que genera una gran cantidad de información de gran valor, y que de ser utilizada de forma conveniente supone un control total, en tiempo real, de la información generada por todos los componentes de la cadena de suministro con el fin de que el producto se enriquezca continuamente (filosofías PDCA y Lean).

Lo que un directivo se puede plantear legítimamente, es si con las herramientas modernas de organización industrial no es suficiente para conseguir los mismos objetivos, o de ser necesario, si se deben implementar todos los principios descritos para que el resultado esté asegurado, o bien pueden aplicarse tan solo en aquellas partes vitales de nuestro proceso. También se puede plantear si su puesta en marcha depende de la utilización de costosas tecnologías que en muchas ocasiones casi ningún operario sabe manejar y aprovechar convenientemente. En resumidas cuentas, la complejidad técnica y el nivel de especialización requerido lo puede convertir en terreno abonado para ´vendedores de humo´ que dominando la mercadotecnia quieran hacer su agosto a costa del desconocimiento general. No resolver convenientemente esta cuestión haría que el sector empresarial con capacidad de transformación se retrajera en una maniobra conservadora que limitará y ralentizará la inclusión de estas soluciones; y aunque esto es un comportamiento clásico ante los cambios, lo que no queremos es que se acentúe porque queda claro que nos encontramos ante el futuro inevitable de la industria y una nueva postergación sería dañina para nuestra economía.

Otra cuestión capital es la de si se considera como una moda pasajera, aunque parece que la respuesta es obvia a juzgar por su considerable nivel de implantación industrial y elevada inversión por parte de las compañías desarrolladoras. Recomendamos pues no proyectarse en el futuro con la mentalidad actual.

Una cuestión que preocupa mucho a los empresarios es la carencia de profesionales competentes con formación de F.P. de grado superior. Temen que estas tecnologías puedan acrecentar esta brecha y que no se puedan encontrar los nuevos perfiles profesionales que se demandarán; aunque es evidente que en primera instancia se producirá una descompensación entre la oferta y la demanda. Por ello, la labor de los centros de formación será vital para plantear nuevos escenarios tecnológicos y animar a los empresarios a plantearse cómo podrían modernizar sus empresas de forma adecuada y sostenible. Proporcionar una formación adecuada a los tiempos que corren será vital para mejorar la situación competitiva de todos los sectores industriales y de servicios, asediados por la revolución tecnológica y laboral de las economías asiáticas.

A modo de conclusiones, deberíamos decir que España, país de Pymes, tendría que entrar progresiva y firmemente en esta dinámica de implantación para no quedarnos en el ´furgón de cola´ del progreso una vez más. Aragón (comunidad autónoma de larga tradición industrial) implementó una herramienta desarrollada por el ITA denominada ´ADA´ para el diagnóstico avanzado de las empresas que se interesen por incluir la filosofía 4.0. No olvidemos que el Estado Español ya implementó en su día un Plan Nacional de Industria 4.0, que incluye las oficinas de transformación digital, y que todo ello está coordinado por la Agenda Digital. Debemos recordar que los sistemas de diagnóstico avanzado para empresas promovidos por el gobierno cuestan 10.000€ y que están subvencionados al 66% por el Estado.

Es muy importante que las empresas comiencen a plantearse seriamente por qué deben modernizarse, y que tipo de cambios necesitan para hacerlo realidad.

Jorge Marqués

Profesor del Área de Automatización Industrial

SEAS, Estudios Superiores Abiertos

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