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Obituario Dick Morley, el padre el PLC

Dick Morley falleció el pasado martes 17 de octubre, Nacho Armesto escribe sobre su relación con el padre del PLC. Descanse en PAZ

Obituario Dick Morley, el padre el PLC

Como profesor de automática, y con cierta inquietud por conocer el origen de las cosas, hacía tiempo que sentía curiosidad por saber más acerca de la persona que inventó el autómata programable, equipo que yo describía (y todavía lo hago) en mis clases: Richard Morley.

Tuve la suerte de conocer a un directivo de Schneider Electric, empresa que acababa de comprar Modicon (la marca que creó Morley para comercializar su célebre invento). Comenté con él lo que me gustaría poder conocer personalmente a Morley y me dijo: “si consigues que venga a España yo le pago el viaje en avión”. Y es que a mí siempre me han gustado los retos…

Tras contactar con Morley por correo electrónico (sí, respondió a mis primeros correos) y tras varios meses de “duras” negociaciones (llegué a enviarle diversos libros y fotos por correo postal), conseguí que Dick (así le gustaba que le llamasen) se animase a visitar Galicia. Únicamente quedaban dos trabas por resolver: no tenía rodillas -su gran afición por el esquí se las destrozó- y…quería venir con su mujer, Shirley. Es decir, dos billetes en primera clase. Finalmente conseguimos resolver el problema (y él mismo fue parte de la solución).

Dick demostró ser una persona muy afable y humana, con un sentido del humor algo peculiar (como corresponde a un genio de su calibre). Y todo gran hombre tiene siempre una gran mujer a su lado. Se hizo evidente que Shirley era la pareja perfecta para este hombre singular.

Tuve la fortuna de poder hablar con ellos durante varios días de muchas cosas, entre ellas lógicamente de su célebre invento, uno de los más importantes del siglo XX. Me sorprendió mucho saber que él no lo consideraba (técnicamente hablando) su invención más destacable. Después lo entendí: también participó en la creación de muchos otros célebres inventos como el antibloqueo de frenos (ABS), el disco flexible, etc.

El motivo que le impulsó a crear el autómata programable fue…la monotonía. Su mente creativa y visionaria quería encontrar una alternativa al diseño y fabricación de cuadros de control con lógica cableada, tarea rutinaria a la que se dedicaba -en aquel momento- su empresa (Bedford Associates). Como él mismo me relató, fue una noche de fin de año (la del 67/68) cuando tuvo la visión de crear el “controlador programable”, un computador especializado en el control de maquinaria industrial.

Se trataba de crear un sistema ingenioso, tanto en el apartado hardware como en el software. Recuerdo algunas anécdotas que me contó: uno de los primeros prototipos se cayó del maletero de una furgoneta “pick-up” y, pese a ello, siguió funcionando correctamente. Dick lo identificó como una prueba de la robustez del equipo. Sin embargo, uno de los mayores logros se produjo –en su opinión- en el apartado software: inventó el lenguaje gráfico de programación “Ladder Diagram”. Y no le faltaba razón, fue una decisión estratégica vital que favoreció la rápida adopción del autómata programable por parte del personal técnico en automatización de la época (que en Estados Unidos provenía, en su mayor parte, del mundo eléctrico).

Capítulo curioso en la historia del autómata programable fue cómo consiguió financiar el desarrollo de este ambicioso proyecto. Haciendo gala -una vez más- de su creatividad, practicó lo que en el mundo emprendedor se conoce como “elevator pitch”…en un aeropuerto. Durante la espera para embarcar, coincidió  –de forma no casual sino planificada, él sabía que iba a estar allí- con un directivo de una conocida firma de computadores de la época al que pudo explicar con suficientemente detenimiento su genial idea. No debió de hacerlo mal porque consiguió la financiación necesaria…y así nació Modicon. Sobre emprendimiento también me enseñó que en todo equipo empresarial deben existir al menos cuatro perfiles bien identificados: visionario, realista, comercial y financiero. Él tuvo la suerte de rodearse con las personas adecuadas para su nuevo proyecto: Tom Boissevain, George Schwenk y Jonas Landau.

Tras la venta de dos de sus empresas a Schneider Electric (Modicon y Andover Controls), Dick se convirtió en un Business Angel que comenzó a financiar, junto a otros colegas multimillonarios con los que constituyó el denominado “Breakfast Club”, múltiples start-up del ámbito tecnológico.

Comprendió, en definitiva, que debía ayudar a otros emprendedores en el inicio de sus proyectos. Por supuesto, como buen americano (con raíces germánicas), fue precisa una justificación económica para hacerlo y demostró serlo: sus relativamente pequeñas inversiones en múltiples proyectos multiplicaron los panes y los peces. Según me explicó, bastaba con acertar en la financiación de un pequeño número de proyectos con mucho éxito para recuperar, con un beneficio significativo, las inversiones realizadas en aquellas iniciativas que no lo habían tenido.

Ya en el perfil más humano, una de las cosas que más me impactó de Shirley y Dick fue que acogieron en su hogar a más de cuarenta niños adoptivos a lo largo de su vida. Y este hecho era para ellos, sin duda alguna, uno de sus logros más satisfactorios.

El pasado miércoles Deb Morrison, su fiel secretaria personal en la consultora “The Barn”, remitió un triste correo: Dick Morley había fallecido el pasado martes 17 de octubre. La noticia me sobrecogió tan profundamente como cuando, hace algo más de cuatro años, el propio Dick notificó el fallecimiento de su mujer, Shirley.

No obstante, enseguida encontré motivos para sobreponerme. Y es que Dick pervivirá eternamente entre nosotros, los más tecnólogos. Su más famosa invención, el autómata programable, tiene cuerda para rato. Y aunque –lógicamente- ha sufrido constantes evoluciones desde su creación, los conceptos básicos del autómata programable moderno siguen siendo los mismos que él plasmó. Y, por otra parte, Shirley y Dick han dejado un legado humano tanto o más importante que el del propio inventor: sus hijos, nietos y demás descendencia. Y tampoco se olvidarán de él las familias de todos los emprendedores que recibieron su apoyo económico en un momento crucial para su proyecto empresarial.

Hasta siempre, Dick y Shirley, Shirley y Dick. Un honor haberos conocido. Descansad en paz.

Nacho Armesto (Universidade de Vigo)

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