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Autónomos: "nuestro verdadero valor añadido es la cercanía y el servicio"

Hace cuatro años se lanzaba a la aventura. Tras trabajar, en Zamora, en una compañía de maquinaria industrial que entró en concurso de acreedores durante los primeros azotes de la crisis, Miguel Alberto Pérez decidió emprender su propio camino. Ser autónomo. Y, como dice la canción, con decisión y coraje. Este ingeniero de automática industrial, salmantino, de 33 años, tenía claro que saldría adelante.

Autónomos: "nuestro verdadero valor añadido es la cercanía y el servicio"

Y lo ha hecho. «Toco madera, porque no he parado de trabajar. De hecho he logrado subir la facturación año tras año, pero todo el mundo está asustado y esto hay que cambiarlo». Para empezar, asegura, con un buen empujón a quienes tienen ideas. Como él en su momento. A quienes no encuentran mucho apoyo más allá del económico que, confiesa, deriva en la mayoría de sectores se hallen subvencionados.

Este joven es el responsable y creador de la compañía «Desarrollo Tecnológico (DT) Automatización Industrial», situada en el Centro de Transportes de la carretera que une Salamanca con Vitigudino.

Precisión a toda máquina

DT es una empresa que se ha labrado un nombre al haber trabajado con firmas como Nestlé, Lactalis, Tecelec, Potencia y Control, Fireice o Grupo Solórzano, entre otras muchas, aportando tecnología y precisión a las instalaciones mecánicas, claves para la actividad empresarial.

En este momento tiene entre manos un proyecto de un secadero de jamones, en Guijuelo. Un sector en el que, reconoce, no es fácil entrar. Pero Alberto no es ningún desconocido en Salamanca. Ha sabido hacerse un hueco en la agroalimentación y otras industrias. Y, tal como destaca en referencia a esa oportunidad que se le ha abierto en la localidad chacinera, muchas empresas recurren ya a profesionales como él, de la tierra, cuando en su momento confiaron las instalaciones a técnicos procedentes del extranjero. «Nadie era profeta en su tierra, pero las cosas cambian», ironiza. Si bien, aclara: «no soy taller, sino que cuento con una oficina técnica que aporta valor añadido al cliente. Eso se valora».

Alberto no para. Trabaja por toda España. En estos momentos también diseña programas automáticos para una harinera de Grupo Solórzano, en Guadalajara, al igual que una pantalla táctil para una quesera de una compañía del norte de Zamora. Igualmente, pretende acometer el desarrollo técnico de una depuradora en Soria.

Otra mentalidad

En este sentido, explica que «la gente busca algo más que el servicio, algo que las empresas grandes no te dan, pero el autónomo sí. Se debe centrar en su marca, en lo que aporta, porque es de lo que come». Alberto confiesa que no apaga el móvil de la empresa -«de hecho sólo tengo uno, lo prefiero: el personal y el del trabajo son el mismo», argumenta-, porque, dice, «las máquinas no paran y el cliente puede necesitarme». Por ello, facilita ese número único, lo que da más confianza al cliente, que, en caso de apuro, puede recurrir a él.

Frente a esa actitud, este joven emprendedor señala que «hay mucha mentalidad de funcionario. No digo que no se pueda vivir bien así, con seguridad, pero creo que ha llegado la hora de cambiar esa forma de pensar de la gente».

Fuente: www.larazon.es

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